confianza
[sustantivo]
Una sensación de seguridad, confianza o auténtico cariño. La confianza, que constituye el fundamento de nuestra fe, se suele representar como una cruz: nuestra creencia en la bondad de Dios se cruza horizontalmente con nuestro compromiso con la bondad y la dignidad de quienes nos rodean.
Aprender a confiar en Dios no es algo que ocurre una sola vez. Es un proceso que se repite una y otra vez (y otra vez más) a medida que atravesamos momentos de incertidumbre, pérdida, duda, abundancia y alegría. A continuación te ofrecemos cinco formas de aprender a «relajarte y dejarte llevar» mientras profundizas en tu confianza en el amor de Dios:
- Reza a Dios con libertad y franqueza, sin ocultar nada en vuestra conversación.
- Explora las Escrituras y reflexiona sobre cómo Dios se ha relacionado con nosotros a lo largo de la historia.
- Deja a un lado las expectativas y permite que Dios sea Dios (y no como tú quieres que actúe).
- Reflexiona sobre la fidelidad de Dios en tu propia vida, reviviendo esos momentos de gracia y paz.
- Encuentra la camaradería en la comunión con los demás, abrazando la comunidad y las historias de renovación.
Por encima de todo, ten paciencia con Dios y contigo mismo. Cuando te invadan el miedo y la duda, como suele ocurrir, confía en la bondad y la misericordia de Dios.
Querido Dios,
Cuando pienso en lo difícil que me resulta a veces confiar, Tú me muestras lo fácil que es si simplemente me dejo llevar. Si dejo de lado mis expectativas, mi lista de deseos, mis miedos y mis ansiedades, y en su lugar te tomo de la mano. Y simplemente confío, tal y como hizo Pedro cuando caminó sobre las aguas, confiando en Ti, en Tu Palabra. Por favor, sigue sosteniendo mi mano mientras me dejo llevar, sigue mostrándome que sabes lo que es mejor para mí porque diseñaste mi vida de manera tan hermosa. Amén.