santo
[adjetivo]
Dedicado al servicio de Dios o reconocido como sagrado por una religión. La santidad está al alcance de todos, no solo de los santos o de unos pocos elegidos. Todos estamos llamados a buscar la santidad diciendo «sí» a Dios y amando tan libremente como lo hizo Jesús.
La santidad es un proceso continuo y un compromiso diario. Se trata de vivir en unión con Dios, al tiempo que cuidamos de nuestros vecinos y de los que sufren en el mundo.
La santidad se confunde a menudo con la perfección, pero son cosas muy diferentes. La perfección es exaltada. La santidad es humilde. La perfección es una búsqueda en solitario. La santidad es una asociación con Dios. Caminar hacia la santidad es dejar a un lado nuestros miedos y reflejar el corazón de Dios, que siempre acoge, perdona y levanta.
La santidad nace del amor. Se expresa a través de actos de misericordia y se revela en la compasión. La santidad no hiere, no juzga ni excluye.
No tenemos que ser perfectos para ser santos. Solo tenemos que estar dispuestos.
Querido Dios,
Me esfuerzo por alcanzar la santidad cada día, pero las distracciones mundanas y mi propia humanidad me alejan de ella. Manténme cerca de tu corazón misericordioso cuando confunda la perfección con la santidad. Quiero hacer el bien y quiero ser bueno. Muéstrame tu gracia a través de los muchos hombres y mujeres santos que me han precedido. Quiero ser como ellos y, algún día, estar a tu lado en el cielo. Amén.
¿Qué puedes hacer hoy para acercarte más a Dios?