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gracia

Un estado mental tranquilo, libre de preocupaciones y perturbaciones. Una elegancia sencilla, un regalo inesperado o un efecto agradable. La gracia a menudo nos toma por sorpresa porque es un regalo de Dios, dado libremente y sin condiciones. La gracia de Dios nos recuerda cuánto nos ama e invita a amar de la misma manera.

Si todo es gracia, entonces cada momento es una oportunidad para que veamos la presencia de Dios en nuestras vidas. Esto es lo que enseñó San Ignacio en el siglo XVI y sigue siendo válido hoy en día. 

San Ignacio creía que Dios se encuentra en todas las cosas, en cualquier momento y en cualquier lugar. Desde el canto matutino de los pájaros hasta los lirios del valle, desde un momento de triunfo hasta nuestras experiencias de derrota, Dios está aquí con nosotros. Según San Ignacio, «todas las cosas se nos presentan para que podamos conocer a Dios más fácilmente y corresponder a su amor con mayor disposición».

La gracia de Dios requiere nuestra participación. Acogemos la gracia de Dios y se nos invita a abrir nuestros corazones para compartir ese amor con las personas que nos gustan y con las que no nos gustan tanto. La gracia (como Dios) siempre abraza y nunca discrimina.

Oración del día

Querido Dios, 

Tu gracia me rodea. La veo en el canto de los pájaros, que me despiertan con su melodía matutina. La veo en el sol que sale, recordándome que estoy vivo y que estoy aquí para ver un nuevo día. La siento en la cálida sonrisa de un desconocido y en la paciencia de las personas que me rodean. Tu gracia es un regalo de amor para mí, que me llama a compartir Tu amor. Ayúdame a no perder de vista Tu amor y Tu gracia. Amén.

¿Dónde puedes encontrar la gracia hoy?


«Todo es gracia».

-Santa Teresa de Lisieux 

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