restaurar
[Verbo]
Volver al estado original. Pero, ¿cómo es eso? A medida que avanzamos por los altibajos de la vida, recordamos que es Dios quien nos restaura: nos devuelve a nuestro yo más auténtico y nos muestra quiénes estamos llamados a ser.
Puede ser fácil arreglar lo que está roto, devolver lo que se ha perdido y restaurar lo que se ha apagado. Pero, a diferencia de un jarrón roto o un corte de electricidad, las heridas dolorosas que llevamos en nuestro corazón necesitan una restauración más profunda e interna.
Al repasar las alegrías y las penas de nuestras vidas, podemos sentir la tentación de perder la esperanza. Nos decimos a nosotros mismos que no somos dignos, que nuestras heridas son demasiado grandes para Dios, que estamos más allá de toda reparación. Pero el ángel Gabriel nos recuerda: Nada es imposible para Dios.
Recuerda, lo que te mantiene despierto por la noche no es más grande que el Dios que te sostiene. Y cuando amanece, el amor infinito de Dios sigue ahí.
Querido Dios,
Nuestro mundo te necesita más que nunca. Necesitamos tu guía y tu protección. Nuestros corazones necesitan ser restaurados con tu amor y tu presencia. Ayúdame a buscarte cada día, en todo momento, en mis días buenos y cuando todo a mi alrededor parece desmoronarse. Abrázame cuando sienta que no puedo seguir adelante al ver todas las injusticias del mundo. Restaura mi alma, mi hogar, mi familia y mis vecinos. Sé que nada es imposible para ti. En el nombre de Jesús te lo pido. Amén.
¿Qué es lo que necesitas recuperar en tu vida?