justicia
[sustantivo]
El principio de justicia y equidad. La exigencia de justicia ocupa un lugar central en la doctrina social católica: cada uno de nosotros nace con una dignidad que solo proviene de Dios. Cuando la injusticia nos despoja de nuestra dignidad humana, estamos llamados a responder como lo hizo Jesús.
En el mundo ajetreado y caótico de hoy en día, puede resultar difícil recordar que Jesús también vivió en un mundo ajetreado y caótico. Había guerras. Había pobreza. Había corrupción y engaño.
Sin embargo, a las personas con las que se cruzaba —desde recaudadores de impuestos hasta un mendigo ciego al borde del camino, pasando por los miles de hombres y mujeres hambrientos de Galilea— les respondía con amor. Ante la injusticia, mostraba compasión; ante el sufrimiento, ternura; y ante el hambre física (y espiritual), generosidad. Invitaba a todos a avanzar con amor por nuevos caminos.
La injusticia nos invita a ver a través de los ojos de Jesús y a imaginar otra forma de vivir. La injusticia nos invita a reparar los males de nuestro tiempo sin juzgar, sino con esperanza y compasión. Al igual que Jesús, estamos llamados a transformar la injusticia con misericordia. Cada acción que emprendemos en pos de un mundo más justo y santo permite que se dé a conocer el amor de Dios y que se restablezca la dignidad humana.
Querido Dios,
Eres un Dios de justicia. Ayúdanos a mis hermanos, hermanas y a mí a ver con tus ojos misericordiosos y a actuar como lo hizo Jesús. Renueva nuestros corazones y nuestras mentes para que podamos acoger a todos como si fueran nuestra propia familia, y dar la bienvenida a quienes piensan de forma diferente o tienen una visión distinta del mundo. Sana nuestras heridas para que podamos comprendernos y amarnos unos a otros, tal y como lo hizo Jesús. Amén.
¿Dónde puedes sembrar la justicia hoy?