Celebración del Día de la Vocación Claretiana
Hay quienes escuchan una voz interior, como el P. Tom McGann, CMF, cuando discernió el paso de ser sacerdote diocesano a convertirse en Misionero Claretiano. Hay otros que simplemente dan un salto de fe para ver si la vida religiosa es lo suyo, como Dinh Vu. Y hay quienes se inspiran en los sacerdotes a los que admiraban desde hacía tiempo en sus parroquias, como el P. Agustín Carrillo, CMF, y el P. Rosendo Urrabazo, CMF.

Hoy, en la Jornada Claretiana de la Vocación, celebramos las múltiples formas en que Dios nos llama y reflexionamos sobre lo importante que es abrir nuestro corazón para escuchar su llamada.
Como nos recuerda tan bellamente el papa León XIV: «Él es el Pastor que nos atrae hacia sí, cuya mirada nos revela que la vida es verdaderamente hermosa cuando se le sigue».
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Cada uno recorre un camino único en su camino vocacional, pero hay algo que es común a todas las vocaciones: existe un deseo que nace en el corazón y que llega a ser más grande que cualquier otro sueño —incluso que el sueño de convertirse en una estrella del rock—, tal y como descubrió el P. David Gutiérrez, CMF, cuando dejó la guitarra y se dirigió al púlpito.

Como reflexiona además el papa León XIV: «Lo más extraordinario es que, al convertirnos en sus discípulos, nos volvemos verdaderamente “hermosos”; su belleza nos transforma».
Cada uno de nosotros llega a esta vida con una misión que cumplir, siempre arraigada en el amor de Dios. A veces, esa misión es una vocación religiosa. Otras veces, no lo es. El obispo Plácido Domínguez, CMF, comentó una vez en una entrevista que, aunque sientas esa llamada y no la sigas, siempre que sirvas a Dios a tu manera y camines tras sus pasos, Dios estará complacido contigo.
Para algunos, la vocación llega pronto. Para otros, mucho más tarde en la vida. El padre Marco Cárdenas, CMF, recuerda que, cuando era niño, le encantaba disfrazarse de sacerdote y celebrar la «misa» con su hermana. El hermano Manuel Benavides, CMF, no se unió a los claretianos hasta que fue mayor y hoy comparte el Evangelio a través del arte. Hay innumerables historias de hombres y mujeres laicos que, tras enviudar o ver crecer a sus hijos, finalmente dieron el sí a la vida religiosa.

Como nos recuerda una vez más, de forma tan hermosa, el papa León XIV: «Podemosver cómo nuestra vocación crece y madura, reflejando cada vez más plenamente la belleza de Aquel que nos ha llamado —una belleza forjada por la fidelidad y la confianza, a pesar de nuestras heridas y fracasos—».
Si estás pensando en la vida religiosa, el padre David Gutiérrez, CMF, sugiere que, cuando le pidas a Dios que te muestre el camino a seguir en la vida, «asegúrate de estar preparado y dispuesto a seguir el camino que el Señor ha elegido para ti». Sea cual sea tu historia, tu edad o tu pasado, la llamada de Dios es paciente, y Su momento es perfecto.
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