Desde hace más de 15 años, una comunidad muy comprometida convierte el aparcamiento de una iglesia en una conmovedora experiencia espiritual en nuestra Misión de San Gabriel, en California.
Durante unas horas, más de un centenar de personas vestidas con túnicas, coronas de laurel y sandalias dan vida a la Pasión de Jesucristo. Se derraman lágrimas de verdad. Las voces se acallan. Incluso los corazones más curtidos se conmueven. Cada instrumento, cada voz, cada momento se interpreta en directo. Cuando Cristo es crucificado en la última estación, el padre Gabriel Ruiz, CMF, dirige una reflexión sobre la resurrección de Jesús.

Se trata delVía Crucis Viviente, una tradición muy querida que organiza cada año «Brazos Abiertos», una dinámica comunidad de fe de la Misión Claretiana de San Gabriel. Los preparativos comienzan ya en enero, y los miembros se reúnen semana tras semana para asegurarse de que, cuando llegue el Viernes Santo, cada detalle refleje la profundidad de su devoción. El evento de este año fue organizado por Ángeles Tinoco y Luis Lomelí.

Brazos Abiertoses una comunidad de más de 450 miembros dirigida por el padre Ruiz, CMF. Juntos, como familia claretiana, están unidos por una misión común: llevar la esperanza y el amor de Cristo a todas las personas, independientemente de su origen o del punto en el que se encuentren en su camino de fe.

Desde clases de catequesis para niños hasta retiros para mujeres, el grupo trabaja sin descanso para llevar el amor de Jesús a cualquiera que lo busque. Sus retiros han marcado tantas vidas que siguen recibiendo invitaciones para llevar su mensaje y sus retiros a México —Oaxaca, Guadalajara, Baja California y Zacatecas—, con hasta 50 miembros que cruzan la frontera para servir a las comunidades. Solo en Oaxaca, asistieron 700 personas.

Luz Elena Benavidez de Monte lleva muchos años formando parte de esta tradición: primero como coordinadora del Vía Crucis Viviente y, en la actualidad, como secretaria adjunta de Brazos Abiertos. Ha visto cómo la comunidad ha ido creciendo hasta convertirse en algo que va mucho más allá de un simple evento.
«Que la gente venga a conocer a Jesús. Que descubran su amor y se den cuenta de que su amor es tan inmenso que, sin decir una sola palabra, dio su vida por nosotros».
— Luz Elena Benavidez

Para Luz Elena, ese es el milagro del Vía Crucis: la conversión de las almas. Ver cómo alguien descubre por primera vez la historia de la Pasión de Cristo y sale de ella transformado para siempre.
Esta tradición se ha integrado en el tejido social de las familias de San Gabriel. Eduardo López, quien este año ha interpretado a Jesús, es un claro ejemplo de ello. De niño, se quedaba en ese mismo aparcamiento viendo a sus mayores representar el Vía Crucis. Ahora se encuentra en el centro de la procesión, llevando él mismo la cruz.
«Ha sido maravilloso tener la oportunidad de evangelizar y difundir la Palabra de esa manera. Ha sido una experiencia bendita».
– Eduardo López

La comunidad Brazos Abiertos celebrará este año su 43.º aniversario, con cada generación pasando el testigo a la siguiente. En un mundo que a menudo avanza demasiado rápido, el aparcamiento de la Misión de San Gabriel se convierte en un lugar donde el tiempo se ralentiza, donde la historia ancestral se vuelve a contar con manos vivas y corazones abiertos, y donde el amor de Cristo se siente tan cerca que casi se puede tocar.