Cada 12 de diciembre se celebra a la Virgen de Guadalupe, también conocida cariñosamente como la Morenita del Tepeyac. Según la tradición, la Santísima Virgen se le apareció hace más de 500 años a un humilde indígena llamado Juan Diego en el cerro del Tepeyac, en México.
Su mensaje de amor, esperanza y consuelo quedó plasmado de manera milagrosa en la tilma de Juan Diego, una imagen que ha resistido el paso del tiempo y que sigue siendo un signo profundo del amor de nuestra Madre por todos sus hijos.
El novenario a la Virgen de Guadalupe comienza el 3 de diciembre y concluye el 12 de diciembre, día de su festividad. Durante estos días, familias enteras y comunidades de fieles se reúnen en oración para recordar las apariciones y celebrar con devoción el gran milagro y el mensaje de amor de la Virgen de Guadalupe.
¿Cómo se reza la novena a la Virgen de Guadalupe?
Busca un lugar tranquilo donde puedas rezar; si es posible, coloca una imagen de la Virgen de Guadalupe y enciende una vela en su honor.
De rodillas, empieza haciendo la señal de la cruz y, cada día, antes de comenzar la novena, reza las oraciones que te proponemos.
¿Te gustaría crecer en tu vida espiritual?
Descubre nuestra publicación semanal «¿Dónde está Dios?».

Día 1
Por el signo de la Santa Cruz, líbranos de nuestros enemigos, Señor Dios nuestro, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén
«Señor mío, Jesucristo, Dios y verdadero Hombre, mi Creador y Redentor, por ser quien eres, y porque te amo por encima de todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. Me propongo enmendarme y confesarme a su debido tiempo, y ofrezco todo lo que haga en satisfacción de mis pecados; y confío, por tu bondad y misericordia infinita, en que me perdonarás y me darás la gracia de no volver a pecar jamás. Así lo espero por intercesión de mi Madre, Nuestra Señora la Virgen de Guadalupe. Amén.”
Haga su petición o indique a quién va dedicado este novenario:
Recite cuatro Ave Marías y continúe con la siguiente oración:
«¡Oh, Santísima Señora de Guadalupe! Esa corona con la que ciñes tus sagradas sienes proclama que eres Reina del Universo. Lo eres, Señora, pues como Hija, como Madre y como Esposa del Altísimo tienes poder absoluto y justísimo derecho sobre todas las criaturas.
Siendo así las cosas, yo también soy tuyo; también te pertenezco por mil motivos; pero no me basta con ser tuyo por la elevada autoridad que tienes sobre todos; quiero ser tuyo por un motivo más, es decir, por elección de mi voluntad.
Mira que, postrado aquí ante el trono de tu Majestad, te elijo por mi Reina y mi Señora, y por ello quiero someterme al señorío y dominio que tienes sobre mí; quiero depender de ti y quiero que los designios que la divina Providencia tiene para mí pasen por tus manos. Dispón de mí como te plazca; quiero que todos los acontecimientos y vicisitudes de mi vida dependan de ti. Confío en tu benignidad, que todos se enderezarán para el bien de mi alma y la honra y gloria de aquel Señor que tanto complace al mundo. Amén.
Reza un Padrenuestro, un Ave María y un Gloria.

Día 2
Por el signo de la Santa Cruz, líbranos de nuestros enemigos, Señor Dios nuestro, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén
«Señor mío, Jesucristo, Dios y verdadero Hombre, mi Creador y Redentor, por ser quien eres, y porque te amo por encima de todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. Me propongo enmendarme y confesarme a su debido tiempo, y ofrezco todo lo que haga en satisfacción de mis pecados; y confío, por tu bondad y misericordia infinita, en que me perdonarás y me darás la gracia de no volver a pecar jamás. Así lo espero por intercesión de mi Madre, Nuestra Señora la Virgen de Guadalupe. Amén.”
Haga su petición o indique a quién va dedicado este novenario:
Recite cuatro Ave Marías y continúe con la siguiente oración:
¡Oh, Santísima Virgen de Guadalupe! ¡Es bien sabido que eres nuestra Abogada ante el tribunal de Dios, pues esas hermosas manos que nunca dejan de beneficiarnos se juntan ante el pecho en ademán de quien suplica y ruega, mostrándonos así que desde el trono de gloria, como Reina de los Ángeles y de los hombres, ejerces también el oficio de abogada, intercediendo y abogando a nuestro favor!
¿Con qué muestras de agradecimiento y gratitud podré corresponder a tanta amabilidad? Puesto que ni todo mi corazón tiene capacidad suficiente para hacerlo.
Recurro a ti para que me colmes de los preciosos dones de una caridad ardiente y ferviente, de una humildad profunda y de una obediencia pronta al Señor.
Intensifica tus súplicas, multiplica tus ruegos y no dejes de pedir al Todopoderoso que me haga suyo y me conceda ir a darte las gracias por el feliz éxito de tu intercesión en la gloria. Amén.
Reza un Padrenuestro, un Ave María y un Gloria.

Día 3
Por el signo de la Santa Cruz, líbranos de nuestros enemigos, Señor Dios nuestro, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén
«Señor mío, Jesucristo, Dios y verdadero Hombre, mi Creador y Redentor, por ser quien eres, y porque te amo por encima de todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. Me propongo enmendarme y confesarme a su debido tiempo, y ofrezco todo lo que haga en satisfacción de mis pecados; y confío, por tu bondad y misericordia infinita, en que me perdonarás y me darás la gracia de no volver a pecar jamás. Así lo espero por intercesión de mi Madre, Nuestra Señora la Virgen de Guadalupe. Amén.”
Haga su petición o indique a quién va dedicado este novenario:
Recite cuatro Ave Marías y continúe con la siguiente oración:
¡Oh, Santísima Virgen María de Guadalupe! ¡Qué puedo creer al verte rodeada por los rayos del sol, sino que estás íntimamente unida al Sol de la Divinidad, que en tu casa no hay nada que no sea luz, que no sea gracia y que no sea santidad!
¡Qué puedo creer sino que estás sumergida en el océano de las divinas perfecciones y atributos, y que Dios te lleva siempre en su Corazón! Que sea para bien, Señora, tan elevada felicidad.
Yo, mientras tanto, arrebatado por el gozo que ello me causa, me presento ante el trono de tu soberanía, suplicándote que te dignes enviar uno de tus ardientes rayos hacia mi corazón: ilumina con su luz mi entendimiento; enciende con su luz mi voluntad; haz que me convenza de que vivo engañado todo el tiempo que no dedico a amarte a ti y a amar a mi Dios; haz que me convenza de que me engaño miserablemente cuando amo algo que no sea mi Dios y cuando no te amo a ti por Dios. Amén.
Reza un Padrenuestro, un Ave María y un Gloria.

Día 4
Por el signo de la Santa Cruz, líbranos de nuestros enemigos, Señor Dios nuestro, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén
«Señor mío, Jesucristo, Dios y verdadero Hombre, mi Creador y Redentor, por ser quien eres, y porque te amo por encima de todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. Me propongo enmendarme y confesarme a su debido tiempo, y ofrezco todo lo que haga en satisfacción de mis pecados; y confío, por tu bondad y misericordia infinita, en que me perdonarás y me darás la gracia de no volver a pecar jamás. Así lo espero por intercesión de mi Madre, Nuestra Señora la Virgen de Guadalupe. Amén.”
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Recite cuatro Ave Marías y continúe con la siguiente oración:
¡Oh, Santísima María de Guadalupe! Si un ángel del cielo tiene por gran honor estar a tus pies y, como prueba de su alegría, abre los brazos y extiende las alas para formar con ellas un reposo para tu Majestad, ¿qué debo hacer yo para manifestar mi veneración hacia tu persona, no ya con la cabeza ni con los brazos, sino con mi corazón y mi alma, para que, al santificarlos con tus divinas plantas, se conviertan en un trono digno de tu soberanía?
Dígnate, Señora, a aceptar este obsequio; no lo desprecies por considerarlo indigno de tu soberanía, pues el mérito que le falta debido a mi miseria y pobreza lo compenso con mi buena voluntad y mi deseo
Entra a registrar mi corazón y verás que no lo mueven otras alas sino las del deseo de ser tuyo y el temor de ofender a tu Hijo divinísimo. Haz de mi corazón un trono, y ya no se envilecerá dando entrada a la culpa y haciéndose esclavo del demonio. Haz que en él no vivan más que Jesús y María. Amén.
Reza un Padrenuestro, un Ave María y un Gloria.

Día 5
Por el signo de la Santa Cruz, líbranos de nuestros enemigos, Señor Dios nuestro, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén
«Señor mío, Jesucristo, Dios y verdadero Hombre, mi Creador y Redentor, por ser quien eres, y porque te amo por encima de todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. Me propongo enmendarme y confesarme a su debido tiempo, y ofrezco todo lo que haga en satisfacción de mis pecados; y confío, por tu bondad y misericordia infinita, en que me perdonarás y me darás la gracia de no volver a pecar jamás. Así lo espero por intercesión de mi Madre, Nuestra Señora la Virgen de Guadalupe. Amén.”
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Recite cuatro Ave Marías y continúe con la siguiente oración:
¿Qué mejor cielo para alguien tan hermoso que uno repleto de estrellas? ¿Con qué podía adornarse una belleza tan celestial, sino con el resplandor de unas virtudes tan luminosas y resplandecientes como las tuyas?
Bendita mil veces la mano de aquel Dios que supo unir en ti una belleza tan singular con una pureza tan elevada, y un esplendor tan brillante y rico con una humildad tan apacible. Yo quedo, Señora, absorto ante una belleza tan amable, y desearía que mis ojos se fijaran siempre en ti para que mi corazón no se dejara llevar por otro afecto que no sea el amor por ti.
No podré cumplir este deseo si esos astros resplandecientes con los que estás adornada no infunden en mí una caridad ardiente y ferviente, para que ame de todo corazón y con todas mis fuerzas a mi Dios, y después de mi Dios a Ti, como objeto digno de que todos lo amemos. Amén.
Reza un Padrenuestro, un Ave María y un Gloria.

Día 6
Por el signo de la Santa Cruz, líbranos de nuestros enemigos, Señor Dios nuestro, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén
«Señor mío, Jesucristo, Dios y verdadero Hombre, mi Creador y Redentor, por ser quien eres, y porque te amo por encima de todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. Me propongo enmendarme y confesarme a su debido tiempo, y ofrezco todo lo que haga en satisfacción de mis pecados; y confío, por tu bondad y misericordia infinita, en que me perdonarás y me darás la gracia de no volver a pecar jamás. Así lo espero por intercesión de mi Madre, Nuestra Señora la Virgen de Guadalupe. Amén.”
Haga su petición o indique a quién va dedicado este novenario:
Recite cuatro Ave Marías y continúe con la siguiente oración:
¡Oh, Santísima Virgen María de Guadalupe! No hay nada, absolutamente nada, en este hermosísimo retrato que no me lleve a contemplar las perfecciones con las que el Señor dotó a tu alma inocentísima. Ese lienzo tosco y despreciable; ese pobre pero dichoso ayate en el que se refleja tu singular belleza, revelan claramente la profundísima humildad que sirvió de base y fundamento a tu asombrosa santidad.
No desdeñaste tomar la humilde tilma de Juan Diego para que en ella se imprimiera tu rostro, que es encanto para los ángeles, maravilla para los hombres y admiración para todo el universo. Pues, ¿cómo no voy a esperar de tu bondad que la miseria y la pobreza de mi alma no sean un obstáculo para que imprimas en ella tu imagen tan llena de gracia?
Te ofrezco las fibras de mi corazón. Tómalo, Señora, en tus manos y no lo sueltes jamás, pues mi deseo es que no se utilice para otra cosa que para amarte a ti y amar a Dios. Amén.
Reza un Padrenuestro, un Ave María y un Gloria.

Día 7
Por el signo de la Santa Cruz, líbranos de nuestros enemigos, Señor Dios nuestro, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén
«Señor mío, Jesucristo, Dios y verdadero Hombre, mi Creador y Redentor, por ser quien eres, y porque te amo por encima de todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. Me propongo enmendarme y confesarme a su debido tiempo, y ofrezco todo lo que haga en satisfacción de mis pecados; y confío, por tu bondad y misericordia infinita, en que me perdonarás y me darás la gracia de no volver a pecar jamás. Así lo espero por intercesión de mi Madre, Nuestra Señora la Virgen de Guadalupe. Amén.”
Haga su petición o indique a quién va dedicado este novenario:
Recite cuatro Ave Marías y continúe con la siguiente oración:
¡Oh Santísima Virgen María de Guadalupe! ¡Qué bien refleja tu soberanía ese tapiz que la luna forma a tus pies sagrados! Con paso inquebrantable pisoteaste las vanidades del mundo y, al ser superior a toda la creación, nunca sufriste el declive de la más leve imperfección: desde antes de tu primer instante estuviste llena de gracia.
Ay de mí, señora, que al no ser capaz de cumplir los propósitos que me propongo, no encuentro estabilidad en la virtud y solo soy constante en mis viciosos hábitos.
Ten piedad de mí, Madre amorosa y tierna; ya que soy como la luna en mi inconstancia, haz que sea como la luna que está a tus pies, es decir, siempre firme en mi devoción y amor, para no sufrir los menguantes de la culpa. Haz que esté yo siempre a tus pies por el amor y la devoción, y ya no temeré los menguantes del pecado, sino que procuraré entregarme de lleno a mis obligaciones, detestando de corazón todo lo que es ofensa a mi Dios. Amén.
Reza un Padrenuestro, un Ave María y un Gloria.

Día 8
Por el signo de la Santa Cruz, líbranos de nuestros enemigos, Señor Dios nuestro, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén
«Señor mío, Jesucristo, Dios y verdadero Hombre, mi Creador y Redentor, por ser quien eres, y porque te amo por encima de todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. Me propongo enmendarme y confesarme a su debido tiempo, y ofrezco todo lo que haga en satisfacción de mis pecados; y confío, por tu bondad y misericordia infinita, en que me perdonarás y me darás la gracia de no volver a pecar jamás. Así lo espero por intercesión de mi Madre, Nuestra Señora la Virgen de Guadalupe. Amén.”
Haga su petición o indique a quién va dedicado este novenario:
Recite cuatro Ave Marías y continúe con la siguiente oración:
¡Oh, Santísima Virgen de Guadalupe! ¡Qué misteriosa y qué acertada fue la mano del Artífice Supremo al bordar tu vestido con ese ribete de oro finísimo que lo adorna! Sin duda, aludía a ese oro finísimo de la caridad y del amor de Dios con el que se enriquecieron tus acciones. ¿Y quién duda, Señora, de que esa tu ardiente caridad y amor de Dios estuvieron siempre acompañados del amor al prójimo y de que, por verte triunfante en la patria celestial, te has olvidado de nosotros?
Abre el seno de tu misericordia a quien es tan miserable; tiende la mano a quien, tras caer, te invoca para levantarse; llévate la gloria de haber encontrado en mí una misericordia que, más que ninguna otra, se ajusta a tu compasión y misericordia. Amén.
Reza un Padrenuestro, un Ave María y un Gloria.

Día 9
Por el signo de la Santa Cruz, líbranos de nuestros enemigos, Señor Dios nuestro, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén
«Señor mío, Jesucristo, Dios y verdadero Hombre, mi Creador y Redentor, por ser quien eres, y porque te amo por encima de todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. Me propongo enmendarme y confesarme a su debido tiempo, y ofrezco todo lo que haga en satisfacción de mis pecados; y confío, por tu bondad y misericordia infinita, en que me perdonarás y me darás la gracia de no volver a pecar jamás. Así lo espero por intercesión de mi Madre, Nuestra Señora la Virgen de Guadalupe. Amén.”
Haga su petición o indique a quién va dedicado este novenario:
Recite cuatro Ave Marías y continúe con la siguiente oración:
¡Oh, Santísima Virgen de Guadalupe! ¿Qué habrá que te sea imposible, cuando, multiplicando los prodigios, ni la tosquedad ni la rudeza del ayate te impiden plasmar tu retrato con tanta delicadeza, ni la voracidad del tiempo, a lo largo de más de cuatro siglos, ha sido capaz de destrozarlo ni borrarlo?
¡Qué motivo tan poderoso es este para fortalecer mi confianza y suplicarte que, abriendo el seno de tu misericordia y acordándote del gran poder que te concedió la Divina Omnipotencia del Señor para favorecer a los mortales, te dignes imprimir en mi alma la imagen del Altísimo que mis culpas han borrado!
No te impongo, en tu misericordia, la grosería de mis perversas costumbres; limítate a mirarme, y con eso ya avivaré mis esperanzas; porque no puedo creer que, si me miras, tus entrañas no se conmuevan por este miserable que soy. Mi única esperanza, después de Jesús, eres tú, Sagrada Virgen María. Amén.
Reza un Padrenuestro, un Ave María y un Gloria.
Si quieres saber más sobre la historia de Nuestra Señora de Guadalupe y otros temas interesantes que puedes compartir en tu parroquia, te invitamos a conocer «El momento Católico».