El 1 de febrero, el arzobispo de Los Ángeles, José H. Gómez, celebró la misa y la cena anuales en honor al Consejo de Hermanos Religiosos de la Arquidiócesis, una tradición que ha fortalecido la fraternidad y la vocación durante casi tres décadas.
La reunión de este año tuvo un significado especial. El hermano Larry J. Moen, CMF, que ha participado en la organización del evento durante los últimos 19 años como presidente del consejo, renunció oficialmente a su cargo de liderazgo, expresando su deseo de dejar espacio para que el hermano José Castañeda continúe con la misión.
La velada incluyó una misa especial celebrada por el arzobispo, seguida de una cena en la que el hermano Larry J. Moen, CMF, recibió un reconocimiento por su fiel servicio. El ambiente estuvo marcado por la fraternidad, la gratitud y el compromiso renovado con la vida religiosa.
Una iniciativa claretiana con un impacto duradero
Esta reunión anual tiene sus orígenes en 1975, cuando tres hermanos claretianos, junto con hermanos de otras congregaciones religiosas, ayudaron a establecer el Consejo de Hermanos Religiosos en la archidiócesis de Los Ángeles. Su visión era sencilla pero poderosa: crear un espacio donde los hermanos religiosos pudieran reunirse anualmente con el arzobispo para orar, apoyarse y formar comunidad.
Durante más de 30 años, la tradición ha continuado, convirtiéndose en un momento vital de unidad para los hermanos que prestan servicio en los distintos ministerios de la archidiócesis.
El hermano Larry contribuyó a garantizar la continuidad y el crecimiento de la iniciativa. Bajo su liderazgo, la reunión anual de febrero siguió siendo un signo constante de visibilidad y apoyo para los hermanos religiosos cuya vocación suele ser menos comprendida que la de los sacerdotes.
El hermano José Castañeda asumirá el liderazgo del consejo en el futuro.

Por qué es importante esta reunión
Los hermanos religiosos sirven a la Iglesia en una amplia gama de ministerios, como la educación, la asistencia sanitaria, la administración, la asistencia social y la capellanía, y, sin embargo, su vocación a veces se pasa por alto.
«No hay muchos hermanos», compartió Moen. «Por eso es tan importante que nos reunamos para apoyarnos mutuamente en nuestra vocación y hacer visible nuestra presencia».
El propio hermano Larry encarna ese testimonio. Inspirado por la dedicación piadosa de los hermanos que conoció, discernió que podía servir a la Iglesia más plenamente en esta función. Hoy es capellán de hospital y vive su vocación al servicio directo de los necesitados.
La misa y la cena anuales no solo fortalecen la fraternidad, sino que también recuerdan a la Iglesia en general el papel esencial que desempeñan los hermanos religiosos en la vida de cualquier archidiócesis.
Dado que las vocaciones a la vida religiosa siguen siendo limitadas, iniciativas como esta sirven tanto de estímulo como de invitación: llaman a los jóvenes a considerar un camino de vida consagrada basado en el servicio, la oración y la comunidad.
Los Misioneros Claretianos se enorgullecen de haber contribuido a iniciar y mantener esta tradición perdurable. Y seguimos comprometidos con la promoción de la vocación de la hermandad religiosa para las generaciones futuras.