descansar
[verbo]
Hacer una pausa en el trabajo, en la actividad o en el movimiento… y quedarnos quietos. El descanso es esencial para nuestra fe, ya que nos ayuda a acercarnos a Dios, a revitalizar nuestro espíritu y a renovar nuestra confianza en el amor infinito de Dios. Puede resultar difícil, pero si incluso Dios descansó, nosotros también podemos hacerlo.
Vivimos a toda velocidad. Pensamos a toda velocidad. Rezamos a toda velocidad. Incluso nuestra comida es rápida.
Descansar en Dios es exactamente lo contrario. Se trata de detenerse, confiar y no rendirse. El descanso nutre los anhelos más profundos de nuestra alma al recargar nuestros cuerpos cansados, aliviar nuestras mentes y volver a conectar nuestros corazones con el corazón de Dios.
Cuando descansamos en Dios, le invitamos a que nos vea y nos ame tal y como somos: cansados, asustados, solos, confundidos. No tenemos que demostrar nuestro valor, nuestra piedad ni nuestra fuerza. Dios ya lo sabe. Solo tenemos que tomarnos un respiro el tiempo suficiente para volver a depositar nuestra confianza en Dios y disfrutar de esa siesta, ese paseo al atardecer o ese momento de silencio que tanto anhelamos.
Cuanto más espacio creamos para estar en silencio, más oímos la voz de Dios que nos llama. No con prisas ni con la exigencia constante de producir más, sino simplemente con amor.
Querido Dios,
Abre tus brazos para que pueda descansar en ti, porque mi corazón y mi alma necesitan descanso emocional. Ayúdame a calmar mi mente inquieta y a dejar de lado la necesidad de estar siempre ocupada. Ayúdame a cuidar de mi cuerpo y mi alma en un espacio de paz donde pueda descansar en ti, recargar mi alma y dar prioridad a lo que más importa. Amén.
¿Cómo vas a descansar hoy?